Crisis mundial - Manuel Riesco - CENDA Chile

Observaciones acerca del curso de la crisis mundial

viernes 10 de julio de 2009

Del desarrollo hacia afuera al desarrollo hacia adentro de América Latina

Los economistas tienen la costumbre de denominar las grandes estrategias de desarrollo según la clientela que compra la producción. De este modo, la historia económica de América Latina se divide en períodos arancelarios: "Desarrollo hacia afuera (1880-1929)" "Desarrollo hacia adentro (1929-1973)" y nuevamente "Desarrollo hacia afuera (1973-2007)."
Dicha visión es algo estrecha, puesto que no toma en cuenta factores más importantes, especialmente el cambio de las relaciones sociales de producción. La más decisiva ha sido la dolorosa transformación de los campesinos en precarios asalariados urbanos, que en Chile ha sido el parto de un siglo y en el mundo se encuentra en pleno curso y apenas a medio camino (Ver "Gigante").
Sin embargo, captura un aspecto importante y está en el lenguaje corriente, por lo cual resulta gráfica para ilustrar el gran proceso que está cursando en este momento en el mundo emergente y en Chile: un profundo cambio en las estrategias de desarrollo.
La que había predominado a lo largo de treinta años estaba agotada y la crisis la ha desplomado en un cataclismo. Ahora se trata de asumir una nueva estrategia de desarrollo ¿Que nombre le vamos a poner?

"Desarrollo hacia adentro de América Latina"

El nombre se le ocurrió a Jacques Chonchol, ex Ministro de Agricultura del Presidente Allende y padre de la reforma agraria chilena - además participó activamente en las reformas agrarias de Cuba, Mozambique, Laos, Sudáfrica y ahora en Ecuador, entre varias otras.
A Jacques los latifundistas criollos lo apodaron Atila - según ellos donde pisaba no crecía más el pasto. Lo odiaban como a ninguno y lo pintaron como una suerte de bárbaro cruel. Nada más alejado de la realidad. Es un hombre sabio, brillante, sencillo hasta la humildad, alegre, inmensamente tierno y de una gran humanidad. Quizás por eso mismo, conserva una salud y presencia física envidiables.
Es además un hombre extraordinariamente prudente y sensato. Por eso planteó que la reforma agraria debía ser rápida, drástica y masiva, de modo de minimizar sus impactos negativos.
Puesto que Jacques es probablemente la persona viva que más ha contribuido al desarrollo de Chile - nada fue más determinante en ello que la reforma agraria -, parece muy adecuado que sea él quien bautice la nueva estrategia de desarrollo que Chile asumirá después de la crisis en curso.

La nueva estrategia es compleja. Su elemento central es que el Estado reasume en plenitud el rol de orientar el desarrollo del país en beneficio de sus ciudadanos. En este sentido y dado que Chile es un país emergente, se trata de una vuelta al desarrollismo.
Sin embargo, a diferencia del viejo desarrollismo, ahora no es necesario que asuma directamente muchas funciones, puesto que ya existen en la sociedad civil los grandes actores modernos que pueden ejecutarlas. Antes se vio obligado a hacerlo porque estaban en su infancia y orientó su acción precisamente a ayudarlos a crecer y fortalecerse. Ellos son la principal herencia del viejo desarrollismo.
Las políticas sociales cumplirán un rol central en el nuevo desarrollismo como lo tuvieron en el viejo. Sin embargo, ya no se trata de enseñar a leer y escribir y proporcionar salubridad básica y vivienda a una población que por entonces migraba masivamente desde el sometimiento de su condición campesina tradicional a la ciudadanía moderna.
Ahora hay que construir un Estado de bienestar hecho y derecho, que garantice a todos el derecho a trabajos decentes y a mantener sus ingresos si los llegan a perder, a educación y salud gratuitas y de buena calidad, a jubilaciones dignas. Ni más ni menos que lo que han logrado todos los países desarrollados y también los emergentes más vigorosos.
Nuevamente se trata de mejorar la distribución del ingreso aumentando significativamente el nivel de remuneraciones. Ya se logró una vez a lo largo del período desarrollista cuando entre 1929 y 1971 los ingresos de la masa de los trabajadores se multiplicó 6,8 veces mientras el producto interno bruto se multiplicaba 3,7 veces, gracias a que las remuneraciones reales promedio se multiplicaron 3,5 veces .
Gran parte de esos avances se perdieron tras el golpe de 1973 y tres décadas de extremismo Neoliberal, cuando las remuneraciones reales se redujeron inicialmente a la mitad y crecieron apenas un 20 por ciento entre 1971 y 2006. Durante ese período los ingresos de la masa de los trabajadores se multiplicó por tres, mientras el PIB nuevamente crecía 3,7 veces. Es decir, la participación de los trabajadores en el ingreso se redujo considerablemente (ver CENDA 2007 "Resultados de las estrategias del Estado a lo largo de un siglo").
Adicionalmente, se desmantelaron con saña los servicios públicos, especialmente los de educación, salud y previsión.
Todo eso hay que revertirlo, puesto que uno de los rasgos de la nueva estrategia es que dependerá mucho más del mercado interno basado en una buena distribución del ingreso y en un generoso Estado de bienestar, como hacen todas las economías desarrolladas las que por lo mismo funcionan de modo mucho más estable y mejor.
El Estado volverá a regular adecuadamente al mercado, para proteger a los chicos de los abusos de los grandes, pero muy especialmente para corregir las inmensas distorsiones generadas por haber regalado a los privados la renta de los recursos naturales que nos pertenecen a todos.

La crisis ha puesto de manifiesto la enorme vulnerabilidad de basar el desarrollo nacional principalmente en el mercado mundial. Lamentablemente, el ajuste será muy doloroso, como lo fue durante la Gran Depresión. La nueva estrategia privilegiará la producción para el mercado interno y recuperará la industria nacional que ha sido desmantelada por treinta años de apertura indiscriminada.
En ese sentido, al igual que ocurrió en los años 1930, la estrategia de desarrollo hacia afuera dejará paso a una nueva fase de desarrollo hacia adentro.

Sin duda es deseable y conveniente expandirse al mismo tiempo hacia mercados que excedan los estrechos límites que establece la reducida población del país. Sin embargo, esta vez se harán las cosas bien, como les gusta tanto decir a los hinchas del modelo que muere.
La nueva estrategia no se basará como la anterior en la utopía de un mercado mundial sin trabas antes que se construya un Estado mundial; en permanente expansión, además.
De modo más realista, la nueva estrategia reconoce que los mercados modernos nacieron y se han desarrollado al amparo de los Estados, que a su vez nacieron para barrer con las antiguas aduanas feudales y para regular y proteger la libre circulación de dinero, mercancías y personas al interior de sus espacios soberanos.
Asimismo, que varios Estados vecinos pueden construir instituciones estatales supranacionales que regulen y protejan la libre circulación estable de dinero, mercancías y personas, sobre un espacio mayor de soberanía compartida.
Este es un aspecto crucial de la nueva estrategia, la que se propone expandir el mercado más allá de las fronteras del país hacia una América Latina integrada de verdad. Lograrlo es difícil, sin duda alguna. Pero no es una utopía irrealizable, como lo demuestra la Unión Europea.
Por eso, la consiga de Jacques Chonchol, aunque recoge solo un aspecto de la misma, resulta un buen nombre para la nueva estrategia.
"Desarrollo hacia adentro de América Latina."

jueves 9 de julio de 2009

Oro negro

La crisis ha develado muchas cosas. Ha mostrado el funcionamiento de la economía capitalista mundial al desnudo.
Lo primero que quedó en pelotas, como se dice en Chile y no resulta una mala expresión, fue el mundo financiero. La fracción más arrogante, codiciosa, despiadada y distorsionada de la burguesía mundial, se había apoderado de casi la mitad de las ganancia totales de todas las empresas (ver "Banqueros"). Ellos estuvieron detrás del auge y caída del Neoliberalismo y la globalización (ver nota).
La crisis estalló por ahí, como muchas veces ocurre. Dejó la pelería. Hoy está muy debilitada, pero continúa haciendo de las suyas.
Su lobby sigue siendo poderoso y hasta el momento ha logrado impedir que los gobiernos nacionalicen la banca y aseguradoras, que se mantienen en la insolvencia desde julio del 2007. Al revés, los han rescatado y los más poderosos y políticamente conectados como el JP Morgan y Goldman Sachs se han aprovechado de esta situación.
Ellos provocaron la crisis - no la causaron pero si la precipitaron, extendieron y agravaron - y constituyen el principal obstáculo para salir de ella, como han venido denunciado reiteradamente medios como el Financial Times (ver "Banqueros") y grandes economistas como Krugman y Stiglitz a nivel internacional y Ricardo Ffrench-Davis en Chile, entre otros.
Su propuesta es simple: nacionalizarlos de una buena vez, porque de hecho constituyen un servicio público, garantizado, financiado y sostenido por el Estado (ver "Bancos: Servicio público").

Uno de los resultados más nefastos de su accionar lo provoca el movimiento incesante de inmensas masas de capital especulativo alrededor del mundo, totalmente desatado por la llamada globalización - que no consistió en mucho más que eso.
Su acción en relación al conjunto del capital mundial resulta muy dañina. Aparece hipertrofiada de modo aberrante por la reiteración de operaciones especulativas unas encima de otras. Contabilizado de ese modo, mueve del orden de 500 billones de dólares, más de diez veces el PIB mundial.
Sin embargo, casi todas esas operaciones se cancelan unas con otras y su peso real es muchísimo menor. Los llamados fondos de cobertura llegaron a manejar el 2007 un máximo de dos billones de dólares y hoy se han reducido a menos de la mitad (ver "Hedge funds") y los fondos mutuos alcanzaron a 12 billones ese mismo año y hoy han caído al menos en un quinto (ver "Descarada"), por ejemplo.
De hecho su capacidad de distorsionar los mercados principales de los países desarrollados es neutralizada en buena medida porque su masa total es relativamente pequeña en relación al capital total (ver "El ciclo secular del oso, diez años después").
Otro cuento es lo que ocurre en los mercados emergentes por donde se pasean a voluntad gracias a la mentada globalización. Como elefantes en una cristalería. Allí su peso es capaz de distorsionar completamente todos los mercados, que todavía son muy pequeños comparados con los países desarrollados.
Hoy día se reconoce que el capital especulativo fue capaz, por ejemplo, de inflar casi cuatro veces los mercados accionarios y las monedas de los países emergentes y seis veces a los llamados BRIC - Brasil, Rusia, India y China - entre el 2002 y el 2007 (ver "El burbujazo, seis años después").

Sin embargo, en ningún mercado su efecto ha resultado tan devastador como en los de materias primas y muy especialmente el petróleo.
John Authers del Financial Times analiza este aspecto en sus comentarios del 7 y 9 de julio del 2009, donde presenta los gráficos adjuntos.
El primero de ellos muestra la evolución del precio del petróleo expresado en dólares, entre 1990 y julio del 2009.
Se aprecia el gigantesco inflamiento del precio durante el 2008, cuando se multiplicó por seis con relación a sus niveles anteriores al inicio de todas las burbujas, el 2002.
Como contraste, se muestra como la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein en 1991 aumentó el precio apenas en un 50 por ciento.
Soros lo bautizó como la "superburbuja" (ver "Superbubuja emergente") durante las audiencias que la comisión investigadora del parlamento estadounidense celebró al respecto en octubre del 2008.

El segundo gráfico muestra como el inflamiento del petróleo (azul) superó con creces al conjunto de los mercados accionarios de los países desarrollados, que en este gráfico se expresan en dólares (rojo).
Es decir, el capital especulativo logró hacer con el precio del petróleo exactamente lo mismo que con las monedas y bolsas de los BRIC (ver "El burbujazo, seis años después").
Sólo que el peak de las bolsas y monedas emergentes se alcanzó el día de Halloween, el 31 de octubre del 2007 y el petróleo llegó a 145 dólares por barril unos ocho meses después, a mediados del 2008.

El derrumbe posterior fue feroz. Cayó en picada o en flecha como dicen los rusos. Del mismo modo, se observa en el gráfico como el rebote de los meses recientes, que apenas se nota en los mercados accionarios de los países desarrollados, se amplifica extraordinariamente en el precio del petróleo.

El alza del 2008 fue especulación pura. No tuvo nada que ver con la demanda real, la que caía al mismo tiempo en flecha, como se muestra en el gráfico adjunto.
Éste superpone al precio del petróleo (azul) el gráfico del consumo del combustible en los EE.UU. (rojo), desde el 2000 hasta julio del 2009.
Como se puede observar, el consumo empieza a caer a principios del 2007, antes incluso del desplome del sector financiero que se inicia a mediados de julio de ese año.
Es decir, los especuladores lograron inflar el precio del petróleo hasta lo indecible ¡mientras el consumo sufría su mayor caída desde los años 1930!

En estos momentos los reguladores de materias primas en los EE.UU. están considerando poner coto a estos excesos de los especuladores. Ojalá lo hagan y pronto.
Como se sabe, lo que ocurre con el petróleo se repite con el conjunto de las materias primas, incluido el cobre en primerísimo lugar. También con los precios de los alimentos, lo cual resulta francamente criminal porque llevan hambre a millones de personas, como ocurrió con las alzas del 2008.
Asimismo, desde octubre del 2008 están inflando nuevamente las bolsas y monedas emergentes y el país más afectado es precisamente Chile (ver "La euforia del Willy, ocho meses después").
¿Cuando habrá que esperar para que las autoridades chilenas pongan coto a las fechorías de los especuladores internacionales, al menos en Chile?
¿Cuanto demorarán en restablecer los inteligentes controles a la cuenta de capitales - el mundialmente reconocido "encaje" - que en su momento implementaron Roberto Zahler y Ricardo Ffrench-Davis desde el Banco Central?

miércoles 8 de julio de 2009

Brilla

El rol del oro en la economía actual es uno de los temas más debatidos. Mientras hay quiénes defienden su rol como dinero de última instancia, otros lo niegan absolutamente.
La teoría clásica del dinero, que fue desarrollada y expuesta por Marx de manera brillante, define el dinero como una mercancía especial - el oro es la más característica - que a lo largo de los siglos se distingue de todo el resto para pasar a reflejar en sus cantidades el valor de todas las demás.
Para poder cumplir esa función, sin embargo, debe ser una mercancía igual que las demás, es decir, un producto del trabajo humano que por lo mismo tenga un valor intrínseco.
Asume los nombres de las diversas divisas nacionales, que siempre se derivan de medidas de peso, como el dólar (derivado del alemán thaler), la libra, el escudo y desde luego el peso (y la divisa) propiamente tal; todas las cuales, sin embargo, no representan sino determinados pesos del metal mismo.
Se lo puede representar por monedas de otros metales más baratos, por papeles, plástico o registros electrónicos sin valor alguno; que lo reemplazan en muchas de sus funciones, como la circulación o medio de pago de créditos, por ejemplo. Asimismo, las divisas nacionales de los países más poderosos pueden reemplazarlo parcialmente (todos los países siguen manteniendo parte de sus reservas en oro) como dinero mundial. Sin embargo, ninguno de tales sucedáneos puede reemplazar la función del dinero propiamente tal o de última instancia - es decir del oro - como medida de valor, puesto que para ella debe tener valor en sí mismo.

Lo anterior, desde luego, no tiene nada que ver con la fijación de un patrón oro. Por ejemplo el dólar a 35 onzas establecido en Bretton Woods y que fuera derogado por Nixon en 1971. Eso venía siendo más o menos lo mismo que el dólar a 39 pesos en el Chile de de Castro o la tablita de Cavallo en Argentina. Es decir, una gran tontería como afirmaba Keynes.
Tampoco con la restricción de la capacidad de emisión a las reservas - en oro u otras divisas - del banco central. Otra lesera de economistas que se viene repitiendo de tanto en tanto desde la crisis de 1845, la que se agravó precisamente por este motivo, lo que fue criticado entre otros por el propio Marx.

Como todos los otros enigmas económicos, éste también se clarifica mejor que nunca durante el curso de las grandes crisis. En estas notas se han venido reproduciendo algunas noticias económicas que muestran como se comporta este elemento crucial de la economía mundial (ver "Oro chino").
El comentario de John Authers del Financial Times el 8 de julio del 2009 presenta el gráfico adjunto, que muestra otro aspecto de este enigma de modo espectacular.
En el mismo se muestra la evolución del precio del oro y de las expectativas de inflación en el curso de los últimos doce meses.
Las segundas se miden en base a los rendimientos de los bonos del tesoro estadounidense a 10 años plazo.
Como se aprecia en el gráfico, el precio del oro expresado en dólares sigue de modo extraordinariamente coincidente las alternativas de las expectativas inflacionarias de esta misma moneda.
En otras palabras, las cantidades de oro que representa un dólar se ajustan constantemente según sea la expectativa inflacionaria sobre esta divisa. A lo largo de los últimos doce meses, un dólar ha sido el nombre de cantidades de oro que han fluctuado entre 1/700 y 1/1000 de onza. Alternativamente, si se quiere, 1000 dólares han sido el nombre de cantidades de oro que han fluctuado entre 0,7 onzas y una onza completa.
Por cierto, como en cualquier otro mercado, la especulación distorsiona bastante el precio puntual del oro, pero al parecer mucho menos que, por ejemplo, las materias primas.

martes 7 de julio de 2009

Gigante

Martin Wolf publica un artículo acerca de India en el Financial Times del 7 de junio del 2009, en el cual incluye los gráficos adjuntos.
Éstos dan una interesante perspectiva comparada de India y China, los dos gigantes emergentes de más de 1.000 millones de habitantes cada uno.
Los gráficos hay que leerlos empezando por el último, que muestra la tasa de urbanización de ambos países en 1990, 2005 y su proyección al 2039.
Como se puede apreciar, ambos eran naciones abrumadoramente campesinas a principios de los años 1990, con poblaciones urbanas que no llegaban a un quinto del total.
Esto es un recordatorio importante acerca de esta realidad, puesto que los campesinos continúan siendo increíblemente numerosos a nivel del mundo en su conjunto. Según el "Estado de la Población Mundial" publicado cada año por NN.UU., recién el 2008 y por primera vez en la historia universal, los habitantes urbanos lograron igualar el número de campesinos a nivel global. Chile alcanzó ese hito decisivo en 1930 y América Latina en su conjunto en 1960; Inglaterra a mediados del siglo 19.

Se aprecia que China inició su proceso de urbanización masiva muy recientemente, cuando su población urbana saltó de un 25 por ciento a un 40 por ciento entre 1990 y 2005. En otras palabras, un 15 por ciento de la población total migró a las ciudades en ese período.
Ello equivale a casi 180 millones de migrantes, considerando una población total del orden de 1.200 millones en 1990 - en el 2007 China tenía 1.331 millones de habitantes y su tasa de crecimiento anual es 0,6 por ciento.
El orden de magnitud de esa cifra coincide con el número de migrantes internos legalmente reconocidos como tales que hay en China, la que alcanza actualmente a 140 millones de personas. Como una forma de controlar este inmenso fenómeno, las autoridades chinas establecieron que las personas mantenían ciudadanía plena - incluido el acceso pleno a las prestaciones sociales - sólo en sus pueblos de origen. De este modo, China es quizás el primer país donde el número de migrantes internos se conoce más o menos con exactitud, aunque reconocen asimismo un número importante de inmigrantes internos ilegales, es decir, no registrados (ver del autor Inmigración en un contexto de desarrollo).
Anualmente ha migrado en promedio un 0,94 por ciento de la población total de China, ritmo parecido al que Chile exhibía en 1950 y América Latina en su conjunto en 1970, cuando el 0,8 por ciento de la población total migraba cada año a las ciudades. En China, sin embargo, ello equivale hoy día a más de doce millones de migrantes internos por año.

Para hacerse una idea de lo que ello significa, baste recordar que el número total de inmigrantes que antes de la crisis llegaban a la Unión Europea en un año desde fuera de la región era sólo de 1,7 millones. Es decir, las autoridades chinas deben lidiar con más de siete veces el número de inmigrantes por año que los gobiernos de los 25 países de la UE. ¡Y hay que ver el atado que se hacen éstos últimos con este "problemita," que al mismo tiempo les recoge la basura y suple el envejecimiento de sus ciudadanos ¡tan bien educados y poco racistas ellos! (ver del autor Inmigración en un contexto de desarrollo).

En India el proceso de urbanización mantiene todavía el ritmo relativamente lento que es propio de las primeras etapas de este fenómeno. Como se aprecia en el gráfico, entre 1990 y 2005 la población urbana de este inmenso país sólo subió de 24 por ciento a 29 por ciento. Es decir, los migrantes internos en India sumaron un 5 por ciento en ese período, lo que equivale a poco menos de 50 millones de inmigrantes internos, considerando una población de 920 millones en 1990 - en el 2007 India tenía 1.135 millones de habitantes y su tasas de crecimiento anual es de 1,4 por ciento.
Anualmente ha migrado en promedio un 0,33 por ciento de la población total de India, ritmo parecido al que Chile exhibía antes de la Gran Crisis de 1929, donde aumentó fuertemente. En India, sin embargo, ello equivale hoy día a más de 3,7 millones de migrantes internos por año. Esta cifra resulta parecida a América Latina (AL) en su conjunto, donde cada año migran tres millones de campesinos que representan el 0,5 por ciento de los 60o millones de habitantes actuales de esta región. Claro que en AL el punto más álgido del proceso de migración se alcanzó en los años 1960 y 1970, cuando cada año migraba un 0,8 por ciento de la población total. Hoy día los campesinos se han reducido ya a un 40 por ciento, es decir, más o menos como China estará en dos décadas más.

Es interesante apreciar en el gráfico la proyección de ambos países a 2039. En las tres décadas siguientes la población urbana de China pasará del 40 por ciento actual a 68 por ciento, mientras la de India subirá del 29 por ciento actual a 48 por ciento. Es decir, la migración alcanzará al 28 por ciento de la población china y al 19 por ciento de la población india.
Los números son asombrosos: 370 millones de campesinos en el primer caso y 230 en el segundo, lo que da un total de 600 millones de nuevos trabajadores urbanos solo en esos dos países. Hay que considerar que el mismo fenómeno transcurre en todo el mundo subdesarrollado actual, por lo cual la cifra total de migrantes de las próximas tres décadas facilmente superará los 1.000 millones de personas, lo cual representa exactamente la mitad de la fuerza de trabajo ocupada en la actualidad a nivel global.

El impacto económico de este fenómeno es gigantesco, puesto que cuando los campesinos migran a las ciudades adquieren el toque de Midas. En el campo trabajaban de sol a sol, pero la mayor parte del producto de su jornada se destinaba al autoconsumo. En las ciudades continúan trabajando como burros, pero todo lo que sale de sus manos se vende en el mercado y se contabiliza en el PIB. Según la revista Business WeekUna familia china campesina vende unos 200 dólares ¡en un año! En cambio, una de sus hijas que migra a Shanghai gana eso en un mes y su trabajo agrega bastante más valor que eso a lo que vende la fábrica que la emplea.
De este modo, el PIB de China recibe un plus de casi un uno por ciento anual simplemente como resultado de la migración campesina. El PIB de India se beneficia con un aporte anual del orden de medio por ciento por la misma causa.

En Chile, la productividad por trabajador se duplicó entre 1929 y 1971, durante el período del Estado desarrollista que presidió sobre el grueso de la migración campesina. Ello explica la mayor parte del crecimiento del PIB, que se multiplicó 3,7 veces en ese período que incluye la Gran Depresión. Entre 1971 y 2006, en cambio, la productividad por trabajador aumentó sólo un 50 por ciento y el crecimiento del PIB, que nuevamente se multiplicó 3,7 veces, se explica principalmente por el crecimiento de la fuerza de trabajo, que se multiplicó 2,5 veces debido a la entrada masiva de las mujeres trabajadoras, las que se multiplicaron 3,8 veces en el período (ver CENDA 2007, Resultados de las estrategias del Estado a lo largo de un siglo).

Sin embargo, el impacto socio-económico de la migración masiva es muchísimo más decisivo: es nada menos que la causa de lo que hoy se denomina la emergencia económica y que antes se llamaba desarrollo. La aparición de una masa inmensa de personas liberadas de las ataduras campesinas, dispuestas y al mismo tiempo forzadas a contratarse como trabajadores asalariados para ganarse el sustento, es la condición esencial y rara vez explicitada del despegue de la producción capitalista y los modernos mercados.

Mientras más educadas y sanas son las poblaciones trabajadoras y mejor distribuido está el ingreso, más potente resulta la emergencia capitalista. Esto último es el resultado de la acción de los Estados desarrollistas, que mientras más poderosos y progresistas son, más espectacular resulta la emergencia económica. Así los demuestran las más potentes del siglo 20, que son precisamente las de Asia y los ex países socialistas de Europa, encabezadas por Rusia.
Chile es un ejemplo muy claro de los anterior. La emergencia capitalista del país durante las últimas décadas se explica principalmente por la espectacular herencia de 50 años de desarrollismo y especialmente de su culminación progresista y revolucionaria durante los presidentes Frei Montalva y Allende; en términos de dar educación y salubridad a la fuerza de trabajo y liberarla de las ataduras campesinas mediante la reforma agraria.
Sin embargo, al mismo tiempo, el aplastamiento del pueblo y desmantelamiento del Estado tras el golpe militar y tres décadas de extremismo Neoliberal, constituyen el pecado original que explica la relativa debilidad de la emergencia capitalista chilena, en comparación a las asiáticas por ejemplo.

Este conjunto de factores es lo que explica principalmente las extraordinarias tasas de crecimiento de China y en menor medida de India a lo largo de las décadas recientes. Como se aprecia en el primero de los gráficos adjuntos, el crecimiento del PIB ha promediado casi un 10 por ciento en China a lo largo del último cuarto de siglo y en India se viene acelerando hasta alcanzar tasas superiores al 8 por ciento en años recientes, a medida que la migración campesina toma velocidad.
Por las mismas causas, la economía de Brasil - el más potente y jamás abandonado desarrollismo en AL -, por ejemplo, promedió un crecimiento de 6,1 por ciento anual en la década de 1960 y 8,5 por ciento anual en la década de 1970 (ver del autor "Latin America, A New Developmental Welfare State model in the making? Palgrave-Macmillan 2007).

Otro de los gráficos de Wolf muestra las elevadas tasas de ahorro interno e inversión en India, que actualmente se elevan a 38 por ciento del PIB por año. Ello es característico de las economías emergentes en general.

Finalmente, Wolf presenta el gráfico de la exposición de las economías de China e India al comercio exterior. La suma de exportaciones e importaciones llegó a representar un 65 por ciento del PIB en China antes de la actual crisis. Ahora ha caído a un 50 por ciento, igualando la exposición de India.
Este factor constituye la principal vulnerabilidad de esos gigantes, puesto que los expone mucho más que a los países desarrollados, por ejemplo, a la contracción de la demanda de estos últimos, la que se va a prolongar durante varios años. Este es el principal argumento de quienes no creen que las economías emergentes puedan desacoplarse de la crisis mundial (ver "Rumbo en medio de la tormenta").

lunes 6 de julio de 2009

Cosa seria

La magnitud de la actual crisis se puede apreciar en la evolución del empleo en la que sigue siendo de lejos principal economía del mundo, los EE.UU.
John Authers del Financial Times presenta el gráfico adjunto en su comentario del 2 de julio del 2009.
El mismo muestra las fluctuaciones en el número de trabajadores ocupados en la economía estadounidense desde la entrada de ese país en la Segunda Guerra Mundial, en 1941, hasta junio del 2009.
Adicionalmente el gráfico muestra en barras verticales las recesiones que tuvieron lugar a lo largo del mismo período.
Lo interesante del gráfico es que mide estas fluctuaciones en millones de trabajadores contratados o despedidos en 12 meses.
Se puede apreciar que el enorme esfuerzo bélico antifascista - el mayor aporte de este gran país a la humanidad, sin duda alguna - significó la contratación de casi tres millones de personas adicionales.
La desmovilización al final de la guerra significó por su parte el despido de los mismos tres millones y provocó la recesión de 1947. Ese número de despidos no fue superado nunca - hasta ahora.
En el transcurso del largo ciclo "del oso" que se inició en 1969 y duró hasta 1982 (ver nota "Un siglo de capitalismo") hubo tres recesiones severas, en 1972, 1975 y especialmente 1980-82. Esta última mantenía el record de trabajadores despedidos después de la desmovilización al fin de la Guerra: 2,5 millones de despidos en doce meses.
El gran ascenso se inició entonces, sólo interrumpido por una muy breve recesión, en 1992, culminó en 1999. Allí se inició el ciclo recesivo largo que dura hasta ahora.
El derrumbe bursátil de las punto com fue letal para las bolsas, que cayeron a la mitad. Hubo asimismo dos millones de despidos, pero éstos se recuperaron muy rapidamente.
Luego vino la debacle actualmente en curso.
Como se aprecia en el gráfico, en los dos últimos años se han perdido casi seis millones de empleos, el doble del récord anterior que tuvo lugar en la desmovilización de post-guerra.
Ciertamente hay que tomar en cuenta que el número de despidos recientes representa lo mismo o menos que aquel en términos porcentuales, puesto que la masa total de ocupados ha crecido mucho desde entonces.
Sin embargo, el impacto económico de estos seis millones de despidos resulta gigantesco.
Es lo mismo que si del año pasado a éste hubieran quedado cesantes todos los trabajadores chilenos - la fuerza de trabajo en este país son poco más de seis millones.
Con la diferencia que los de allá ganan más de cinco veces más (el salario promedio es 7.500 dólares anuales en Chile y 40.405 en EE.UU.).

viernes 3 de julio de 2009

Razonable

"El segundo trimestre bien puede haber marcado el fondo. Pero también puede descender a la infamia como los tres meses más engañosos de que se tenga memoria en economía." La columna Lex del Financial Times del 30 de junio merece ser tomada en cuenta.
"Ya no se habla de una segunda Gran Depresión. Los mercados bursátiles están arriba entre un décimo y un tercio [el chileno un 60 por ciento] y los datos han mejorado en una serie de indicadores."
"Ese optimismo sube el ánimo. Peo la crisis fue provocada supuestamente por décadas de fuerzas económicas y financieras malignas. ¿Cambian las cosas en un trimestre? Japón, por ejemplo, lleva 20 años en el suelo tras su derrumbe. Para que la crisis se vaya tan pronto, los inversionistas tienen que creer que el colapso inicial fue exagerado y que el viejo mundo no estaba tan enfermo después de todo."
"Muchos comparten esa opinión. Sin embargo, estos movimientos pueden ser vistos a través de un lente más obscuro. La caída en picada de la demanda sólo se ha moderado debido a las políticas de estímulo y tasas de interés cero. Ninguna es sostenible. Hay una miniburbuja en materias primas, inflada adicionalmente por acaparamiento de China. En todo el mundo, los balances de las familias, empresas (y ahora los gobiernos) están sobre endeudados."
"No es esparcir el miedo el preocuparse que el segundo trimestre fue solo un blip."
Los datos de la semana, desde el empleo en los EE.UU. a la producción industrial en Chile parecen darle la razón.
Éste es el diario que desde agosto del 2007 ha venido diciendo la verdad respecto de la magnitud y severidad de la crisis. Hasta el momento no se ha equivocado.

jueves 2 de julio de 2009

La Patria Joven

¡Está cesante! Según El Mercurio del 1 de julio del 2009, los desocupados de 15 a 24 años alcanzan a 223.670, que equivalen al 23,4 por ciento de la fuerza de trabajo de esa edad.

Según uno de los economistas usualmente consultados por el diario - esta vez se trata de uno de la ex Universidad Técnica del Estado, hoy de Santiago no más -, ello se debe a que el salario mínimo desmotiva la contratación en ese segmento. De la respuesta de este genio se puede inferir que la solución es simple ¡se elimina y ya está!

¡De que están hablando! ¡Si se trata de jóvenes en plena edad escolar!
Si vivieran en Corea, por ejemplo, todos ellos estarían cursando sus estudios en alguna institución pública gratuita de educación superior. En efecto, la cobertura en este segmento educacional alcanza allí al 98 por ciento. El resto de los llamados tigres asiáticos no se queda atrás. Algo parecido ocurre en cualquier país europeo - incluidos los ex socialistas -, donde las coberturas de educación terciaria usualmente superan el 85 por ciento. Incluso en Argentina y Uruguay, las coberturas en este segmento educacional superan hoy el 70 por ciento.

En Chile, en cambio, de las cifras indicadas se puede inferir que hay casi un millón de jóvenes entre 15 y 24 años que no están estudiando o se ven forzados a estudiar y trabajar. Ellos conforman la fuerza de trabajo en ese tramo de edad, aproximadamente una cuarta parte de la cuales corresponde a los 223.670 cesantes de esa edad según el INE.

Éste no es un problema del mercado laboral, sino del sistema educacional. No se trata de bajarles el sueldo para que las empresas reemplacen con ellos a otros que ganan el sueldo mínimo. Tal es el enfoque que ha prevalecido hasta ahora.
De lo que se trata, en cambio, es de ponerlos a todos a estudiar.

Como resultado del desmantelamiento del sistema nacional de educación pública, el país se ha quedado sin una institucionalidad efectiva que brinde posibilidades a esos jóvenes de completar su educación terciaria.
Peor aún, según cifras de la Fundación para la Superación de la Pobreza, un 40 por ciento de los escolares deserta de la educación secundaria. De ellos se puede deducir que un porcentaje similar de los jóvenes de esa edad no ha completado siquiera su enseñanza media. Es muy probable que dicho porcentaje sea muchísimo mayor entre los jóvenes cesantes.

Dicen que nunca se debe desperdiciar una gran crisis para resolver los grandes problemas.
En este caso, el que corresponde abordar es la terrible realidad que un millón de jóvenes entre 15 y 24 años se vean forzados a estar buscando trabajo en lugar de dedicarse completar su educación media y terciaria. Es uno de los más graves que tiene Chile. Sin embargo, se puede resolver.

Lo primero consiste en establecer un programa de emergencia orientado a que todos los jóvenes completen su enseñanza media. Es el nuevo nombre de las exitosas campañas de los gobiernos de los presidentes Frei Montalva y Allende para terminar con el analfabetismo en Chile.

Ello puede formar parte del programa de reconstrucción del sistema nacional de educación pública, destinado a dotar a cada barrio de un buen colegio público gratuito. Una de las primeras misiones del nuevo colegio público debe ser garantizar que en su barrio no quede ni un solo joven sin completar su enseñanza media.

El colegio público de cada barrio se puede establecer de un año para otro, a partir de los colegios municipales y los particulares subvencionados del sector cuyas comunidades escolares opten democráticamente por formar parte del mismo. Hay que pasarlos todos a la administración estatal y contratar a todos sus profesores como funcionarios públicos hechos y derechos. Mal que mal, es el Estado el que los financia a todos en la actualidad. Desde luego, los municipios deben mantener una injerencia muy importante en la gestión nuevo sistema nacional de educación público, al igual que las organizaciones vecinales y las comunidades escolares.

Al mismo tiempo, es necesario garantizar la gratuidad de la enseñanza terciaria. El objetivo es que la misma sea gratuita y de calidad para todos. Sin embargo, se puede empezar por los más necesitados y en este momento ellos son los jóvenes que están cesantes. A todos los que cumplan con el requisito de educación media completa hay que becarlos para estudiar en instituciones de educación terciaria.

Es necesario volver a tener un instituto profesional público de nivel terciario, como lo era INACAP. En las postrimerías de la dictadura se lo entregó una secta religiosa fundamentalista que ha venido haciendo y deshaciendo con la institución a su amaño. Lo más lógico sería devolverla al Estado. En base a la reconstruida institución pública de educación técnica de nivel terciario y también a algunas de las privadas que son de gran calidad y con vocación pública - como el DUOC por ejemplo -, se puede asegurar el acceso de todos los jóvenes que quieran estudiar.

Lo mismo se debe hacer con las universidades públicas. Asegurado el financiamiento de su presupuesto por parte del Estado, como corresponde, ellas pueden abrir sus puertas para recibir en sus aulas en forma gratuita a todos los jóvenes que quieran estudiar una carrera universitaria. Se deben establecer los cursos de nivelación necesarios, lo cual considerando la calidad de la educación media actual, probablemente requiera al menos un año de refuerzos, especialmente en lenguaje y matemáticas. El Estado puede financiar a otras universidades con vocación pública que estén dispuestas a hacer lo mismo.

Los chilenos sabemos que lo anterior es posible, puesto que se hizo ya una vez, durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende.

Adicionalmente, se debe ofrecer a todos los jóvenes cesantes un subsidio para que se dediquen a estudiar. El costo de ello no parece prohibitivo. Si se establece un monto similar al de la pensión solidaria, que actualmente es de 75.000 pesos mensuales, el costo de este subsidio es de poco más de 200.000 millones de pesos anuales (unos 400 millones de dólares).
Ello puede formar parte del nuevo paquete de reactivación que el gobierno necesita implementar con urgencia ante el agravamiento de la crisis.

Esto es exactamente lo que Chile necesita para proyectar su desarrollo hacia el siglo que se inicia. En pocas palabras, dar educación terciaria a todos sus jóvenes.
¡Educación terciaria para todos! Esa es la consigna que el país necesita poner en práctica.
¡Manos a la obra!

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