Crisis mundial - Manuel Riesco - CENDA Chile

Observaciones acerca del curso de la crisis mundial

martes 10 de noviembre de 2009

1989

Hace exactamente 20 años caía el muro de Berlín. Meses después, del socialismo real no quedaba nada, o casi nada.
Nadie podía imaginar en ese momento lo que deparaban las dos décadas siguientes. La idea que la humanidad tenía acerca de la época que vivía simplemente no era capaz de comprender lo que estaba por ocurrir. Los cambios han sido tan increíbles que todavía resulta difícil asumirlos. Ha sido necesario reconstruir por completo la idea acerca del mundo de hoy, de modo coherente con la visión anterior pero que al mismo tiempo de cuenta de lo ocurrido. Nada de fácil.

De 1989 no ha escapado nadie. El comunismo ha vuelto a ser el fantasma de antes de la Gran Revolución Rusa. Sus partidarios han debido resignarse a continuar su lucha en condiciones parecidas a las que existían en tiempos de Marx y Recabarren. Es decir, sin la luminosa esperanza que el socialismo era ya una realidad y la revolución mundial se encontraba al alcance de la mano.
Sin embargo, pueden enorgullecerse de haber sido la fuerza progresista más relevante del siglo 20. No sólo por su papel decisivo en la victoriosa lucha antifascista, que salvó a la humanidad de la aniquilación.
Después de 1989, deben sentirse orgullosos también por haber inspirado y encabezado varias de las mayores revoluciones y los Estados desarrollistas más avanzados del siglo. Unas y otros prohijaron las más potentes emergencias de hoy.

Sus adversarios en las grandes potencias occidentales vivieron su minuto de euforia. Visualizaron el fin de la historia ¡Capitalismo forever!
Tardaron más de una década en caer en cuenta. Tras el velo del fantasma emergieron competidores capitalistas de carne y hueso. Tan formidables que, junto a otros que emergen por doquier, les acaban de dar alcance el 2009. Hoy se dan cuenta que, en el mejor de los casos, les espera una larga y melancólica decadencia hacia su inevitable destino de potencias de segundo orden. Algo así como lo que sucedió a la arrogante Albión decimonónica, reducida a la modesta Gran Bretaña de fines del siglo 20. No resulta fácil hacerse a la idea.

Para más remate se les viene encima la crisis mundial. La Grande, como la llamó Krugman. Lleva diez años y nadie sabe cuanto le falta. Sus consecuencias se extenderán a lo largo de medio siglo, igual que tras la otra Grande.
Algunas ya están claras. Afectarán a todos.
Los banqueros mundiales se creen a salvo y tratan de volver por sus fueros. Se equivocan medio a medio. Se encuentran muy debilitados. La factura de sus excesos tarda pero llega.
Muerta la perra se acaba la leva ¡Le Laissez faire cést fini! El perverso anarquismo burgués floreció durante treinta años guarecido en sus faldones. Ahora les espera una larga travesía del desierto.

El Estado vuelve por sus fueros. Ha rescatado a los amos del universo que promovían su desaparición. Bajo su regulación y protección la industria y el trabajo honrado recuperan el sitial que nunca debieron perder. Los de arriba deberán vivir un poco menos escandalosamente. Los de abajo podrán pasarla un poco menos mal.
Todos recuerdan ahora que los modernos mercados fueron creados por los modernos Estados, que barrieron las viejas aduanas feudales cuando ambos nacieron juntos durante el siglo 19. El mercado mundial es una utopía antes que se conforme un Estado mundial. La globalización solo funcionó para los banqueros. La libre circulación estable de dinero, mercancías y personas solo es posible en espacios protegidos y regulados por los Estados. O en espacios más amplios de soberanía compartida entre varios Estados.

Esta gran lección de la crisis ayuda a aclarar a todo el mundo la conclusión más asombrosa de 1989: Alrededor de todo el mundo subdesarrollado del siglo 20, fueron los Estados desarrollistas, de muchas formas e inspirados en las más diversas ideologías, quienes crearon allí las bases más esenciales del mercado. Las mismas que en la vieja Europa habían surgido más espontáneamente un siglo antes.
Principalmente, la transformación de los campesinos en una fuerza de trabajo predominantemente urbana y en cualquier caso liberada de las ataduras agrarias tradicionales, razonablemente sana y educada; aparte de construir la infraestructura económica e institucional.
Lo que demostró 1989 es que una vez creadas estas bases y sólo entonces, resultó imposible impedir el surgimiento potente de las relaciones capitalistas de producción. Por más empeño que se le puso. Flamantes burguesías emergieron incluso allí donde no existían, en parte de las mafias, pero principalmente de la burocracia, es decir, del partido.
Al final, 1989 fue esencialmente eso: la capitulación de parte de las elites de los países socialistas frente a la inminencia de dicho giro inevitable. Estos regímenes simplemente se disolvieron. Fueron revoluciones por arriba, desde adentro. En las celebraciones de aniversario los han pretendido presentar como el fruto de la lucha popular y la sagacidad de los EE.UU.. Poco de eso es cierto. Más verdadero es que se debe a lo que el propio Walesa ha denominado "la debilidad de Gorbachev."

Mientras más ordenado el giro del Estado desarrollista al mercado, mejor. Se conmemoran asimismo 20 años de los luctuosos sucesos de la Plaza Tian'anmen, en China. Sin embargo, hoy día pocos dudan que la conducción del giro al mercado por parte del Partido Comunista de China ha resultado hasta el momento el ejemplo más exitoso y en definitiva el menos doloroso y destructivo. No resulta fácil conducir un proceso en el cual, entre otras cosas, cada año llegan a las ciudades de China doce millones de inmigrantes del interior. Ocho veces más que todos los que llegan del exterior a la Comunidad Europea. Por el mismo motivo, los Estados desarrollistas no se distinguieron por sus métodos democráticos, salvo contadas excepciones como la chilena.

Todo lo anterior es un excelente ejemplo para la mitad de la humanidad que continúa siendo campesina y todavía tiene por delante todo este doloroso tránsito. Lo cual nos lleva a la lección definitiva de 1989: Lejos de estar en su fase terminal, el capitalismo está recién en su adolescencia a nivel global. Vivimos todavía el proceso de acumulación originaria del capital, que a nivel global se encuentra exactamente a medio camino.

Ello resulta de miedo. Todos sabemos los horrores que fue capaz la vieja Europa en esta precisa fase de su desarrollo. Con la diferencia que ahora los protagonistas son diez veces más grandes y varios poseen bombas atómicas.
De todos nosotros depende que logremos inocularnos la vacuna de la razón y la sensatez política, que son la única vacuna contra el virus maldito que nos conduce al suicidio colectivo. A raiz de la crisis, nuevamente está mostrando las orejas.


domingo 8 de noviembre de 2009

¿Existe el mercado mundial?

El destacado economista chileno Orlando Caputo ha venido insistiendo desde hace muchos años acerca de la necesidad de analizar el funcionamiento de la economía capitalista mundial como un todo, superando la tradición de estudiarlo en el marco de los Estados nacionales y el comercio mundial entre los mismos.

La crisis mundial le ha dado la razón al poner una vez más de manifiesto la estrecha interrelación de la economía mundial. Por ejemplo, la teoría promovida por los operadores financieros acerca del desacople de los mercados emergentes, cayó en bancarrota a los pocos meses de haber sido formulada. Todo hace presagiar que pronto será rematada en el suelo al reventar la nueva burbuja especulativa que se venido formando en los mercados y monedas emergentes en el curso del 2009.

Por otra parte, Caputo tiene toda la razón al insistir que las categorías económicas básicas sólo operan como tales a nivel del mundo en su conjunto. El valor nuevo total generado en un año por el conjunto de los trabajadores que producen mercancías, por ejemplo, solo se iguala al valor del producto interno bruto (PIB) a nivel global.
Los PIB nacionales, en cambio, solo reflejan el valor nuevo producido en cada territorio de modo aproximado. Resultan distorsionados por factores como la renta de los recursos naturales. Asimismo, la diferente productividad del trabajo en industrias transables, es decir, aquellas que compiten con productos importados. También por la diferente calificación de las respectivas fuerzas de trabajo e intensidad general del trabajo, factores que afectan tanto a las industrias transables como no transables.
Todos estos factores se traducen en gigantescas transferencias de valor producido en un país hacia otros, alterando los PIB respectivos. Sin embargo, en la suma general estos efectos se anulan unos con otros.

Por otra parte, sin embargo, la crisis ha desnudado la utopía de la globalización, la cual en definitiva sólo ha funcionado para el capital financiero. En brazos de las ideas de los anarquistas profesores neoliberales por ellos promovidos a los más altos cargos, logró imponer a casi todos los Estados el sueño de los banqueros: especular alrededor de todo el mundo sin traba alguna.

Nunca hubo en realidad una verdadera globalización de los mercados de mercancías y mucho menos de personas. Respecto de lo segundo, basta con preguntar a los mexicanos. Al que todavía le quepan dudas respecto de lo primero, que pregunte a los exportadores chilenos de celulosa. Éstos enfrentan hoy un subsidio de 50 por ciento del precio por tonelada a los productores estadounidenses, país con el cual Chile se ha firmado un bullado tratado de libre comercio (TLC). El comercio mundial sigue largos ciclos de expansión y estancamiento, como el mismo Orlando Caputo viene insistiendo desde hace ya muchos años.

La crisis ha repuesto de un mazazo en la mente de todos la unidad que ha existido entre los modernos Estados y mercados, desde el nacimiento simultáneo de ambos durante el siglo 19.
Los mercados auténticos, es decir, con libre circulación de dinero, mercancias y personas, fueron creados por los Estados. Éstos nacieron precisamente para barrer con las aduanas feudales que lo impedían.
Sólo han existido al interior de los espacios regulados y protegidos por los Estados, los que tuvieron que imponer no sólo cuestiones obvias, como una moneda, sino en muchos casos hasta un idioma común, en sus territorios.
El único mercado supranacional realmente existente es la Unión Europea. No es otra cosa que una asociación de países que se han puesto de acuerdo para construir instituciones estatales supranacionales que lo regulen y protejan sobre un espacio más amplio de soberanía compartida.

En el caso de los países subdesarrollados del siglo 20, que hoy conforman el llamado mundo emergente, el Estado fue el que creó asimismo las bases esenciales para el funcionamiento de los modernos mercados: principalmente, una fuerza de trabajo predominantemente urbana y en cualquier caso liberada de las ataduras de la vida campesina tradicional, razonablemente sana y educada; además de la infraestructura económica e institucional básica. Esta experiencia sin duda se repetirá en la mitad de la humanidad que todavía vive en el campo "a la antigua" y completará esta misma transición en el curso del próximo medio siglo.

La caída del socialismo inicialmente sorprendió a sus partidarios, obligándolos a reconceptualizar la economía política del mundo. Tuvieron que asumir que su lucha continuará todavía por bastante tiempo en un marco que no difiere mucho del que enfrentó Marx en su época.
Sin embargo, el impacto realmente grande de aquellos sucesos afectó a los centros capitalistas de los países desarrollados.
Tuvieron que transcurrir exactamente trece años para que, pasada la euforia inicial, cayeran en cuenta que si bien el comunismo podrá continuar siendo un fantasma, lo que había emergido en su lugar eran competidores capitalistas de carne y hueso.
Tan formidables, que los sobrepasarán varias veces en el curso del siglo. Hoy aceptan que el balance de poderes del mundo cambiará definitivamente a lo que es hoy el mundo emergente, que ya el 2008 los ha igualado en tamaño. A ellos el futuro les depara un destino no muy diferentes al del Reino Unido en el siglo 20: declinar más o menos suavemente en el mejor de los casos, a una condición de potencias de segundo orden.

De este modo, lo que se visualiza para el siglo que se inicia es el proceso de globalización de las relaciones capitalistas de producción, que es la verdadera base de la emergencia de las naciones modernas. Sin embargo, los mercados capitalistas propiamente tales, es decir, con libre circulación plena y estable de dinero, mercancías y personas - lo último requiere como condición previa la conformación de una fuerza de trabajo urbana, educada y sana -, continuarán desenvolviéndose como tales sólo en el marco de los Estados.
En algunos casos, se lograrán construir asociaciones de Estados vecinos que los protejan y regulen en su funcionamiento pleno sobre espacios más amplios.

Los Estados nacionales y las asociaciones de Estados nacionales, ciertamente continuarán comerciando de modo creciente entre sí, siguiendo los largos ciclos de expansión y estancamiento que la crisis ha puesto una vez en evidencia.
Del mismo modo, los capitales de un espacio soberano invertirán de modo creciente en los otros, tal como lo han venido haciendo entre si las naciones de Europa y luego la Unión Europea y los EE.UU., a lo largo de un siglo y medio.
Ciertamente habrá una (cambiante) división internacional de trabajo. La misma es impuesta a veces por la propia naturaleza en el caso de los recursos naturales, pero asimismo por la diferente velocidad y estado del proceso de transición alrededor del mundo y otros motivos.

En los períodos de expansión, todo andará como sobre ruedas y se generalizará una vez más la ilusión de una globalización. Sin embargo, se continuarán generando crisis y períodos de contracción y estancamiento seculares del comercio mundial. Precisamente por el desarrollo desigual, si Brenner tiene razón. En esos momentos, los Estados y asociaciones de Estados una vez más se cerrarán al menos parcialmente, demostrando una y otra vez que los mercados sólo operan de verdad al interior de los espacios protegidos y regulados por instituciones estatales. Entre ellos compiten en cuanto tales.

Desde este punto de vista, el mercado capitalista mundial como tal todavía no existe. Aún no se construye. Continuará siendo una utopía, al menos hasta que se logre construir un Estado mundial, para lo cual falta todavía bastante.

Mientras ello no suceda, lo que continuará existiendo serán mercados capitalistas que funcionan plenamente solo en el marco de Estados y asociaciones de Estados. En tal calidad, continuarán compitiendo fieramente entre ellos.

Lamentablemente, nada impide realmente repetir las terribles consecuencias de tal competencia entre los jóvenes capitalismos Europeos del siglo 20. Si ello llegase a reproducir, el siglo 21 puede llevar aún a peores extremos.

¡Dios nos libre y nos pille confesados!

sábado 7 de noviembre de 2009

Nobleza obliga: Respuesta a Orlando Caputo

Orlando Caputo, uno de los más importantes economistas chilenos y muy querido y respetado amigo de este autor, acaba de distinguirlo con el honor de dirigirle con nombre y apellido una nota polémica en la cual expone su visión acerca del carácter de la actual crisis. Naturalmente, para agradecer su gentileza corresponde referirse a ella, a lo muy menos.
"La mayoría de los economistas - escribe Orlando -, incluyendo algunos Premios Nóbel, la caracterizan [como una crisis financiera]. Para nosotros, la crisis estalla como crisis financiera. Pero la explicación de la crisis no puede quedarse en la descripción de cómo se presenta este acontecimiento. Se debe ir a las causas fundamentales que explican las últimas crisis del capitalismo, y en términos muy concretos, las causas de la actual crisis."
El autor de estas notas concuerda con esta afirmación de Caputo en todos sus términos. Es más, ha argumentado exactamente lo mismo en forma reiterada. Particularmente, a fines del 2008 publicó en este diario (blog) una serie de varias notas etiquetadas "Navidad en Crisis" en las cuales intenta pasar revista somera a lo que la teoría ha aportado hasta el momento respecto de éstos, los más reveladores momentos en el movimiento de la economía capitalista. Dos de ellas están dedicadas precisamente a argumentar que si bien generalmente empiezan por ahí, las causas de las crisis no se encuentran ni en la esfera financiera ni en la especulación.
Por este motivo, aunque este autor comparte con Orlando el disfrute de una buena polémica teórica, me temo que no puede hacerse cargo de haber "insistido en varios eventos y en sus publicaciones, en caracterizar la crisis actual, como crisis financiera," como afirma en su columna.
Ello sin perjuicio, naturalmente, de estudiar a fondo las proporciones sin precedentes y novedosas formas de la inmensa crisis financiera que se ha desatado en el curso de la actual crisis mundial y que Paul Krugman ha explicado de modo magistral en su reciente visita a Chile.

En estas notas se ha argumentado que las causas de las crisis capitalistas no se encuentran tampoco en el subconsumo de la población ni en la sobreproducción de las empresas, aunque ambos fenómenos también se presentan de uno u otro modo en todas las crisis.
Al respecto, se ha llamado la atención en estas notas acerca del notable estudio que ha mostrado como la concentración del ingreso en una ínfima minoría inmensamente rica alcanzó proporciones sin precedentes precisamente en la víspera de las grandes crisis seculares de 1929 y 2000.
Por otra parte, se ha estudiado el movimiento de los inventarios en el curso de la fase actual de la crisis.

Asimismo, siguiendo precisamente a Orlando Caputo, se ha destacado con toda justicia el gigantesco aporte de Keynes, el gran teórico del papel del Estado en las crisis, asunto que Marx no trata en parte alguna, aparte del tema monetario.

En lo fundamental, se ha insistido una y otra vez que el gran descubrimiento de Marx al respecto consiste en identificar la causa de las crisis capitalistas y su recurrencia cíclica en el movimiento de la tasa de ganancia.
Se ha hecho notar como ello fluye en forma casi trivial de su inmensa obra de reconstruir oda la teoría económica basada de manera consecuente en la teoría del valor de los clásicos.

Por otra parte, se ha hecho justicia el aporte de Walter Bagehot, banquero londinense que expuso magistralmente el rol de la política monetaria durante las crisis, en su obra Lombard Street, publicada en 1873, el mismo año que el Libro Primero de El Capital, donde es tratada en los mismos términos. Los desarrollos de Friedman al respecto no hacen sino profundizar en la idea de Bagehoot que durante las crisis se interrumpe la cadena de créditos y por lo tanto es necesario inundar el sistema con liquidez monetaria.

De este modo, el mecanismo interno que provoca las crisis cíclicas y el papel del crédito en las mismas quedó más o menos dilucidado hace casi un siglo y medio. Marx murió en 1883, diez años después de desatada la que se conoció como La Gran Crisis de 1872 y que inició la primera depresión secular, que se extendió a lo largo de varios ciclos hasta 1896. Sin embargo, solamente en 1925 Kondratiev postuló que dicha crisis correspondía a lo que denominó una crisis "onda larga," y predijo con exactitud la Gran Depresión de 1929.
Robert Brenner parece haber dado con la clave de los ciclos largos, en su libro "Turbulencias en la economía mundial," publicado en Chile por CENDA y Revista Encuentro XXI en 1998. Allí demuestra que la depresión secular iniciada en 1969 se origina en la caída tendencial de la tasa de ganancia en la manufactura estadounidense debido a la competencia del entonces emergente Japón y la reemergente Alemania.
En el prólogo a la reciente edición española del mismo libro, Brenner demuestra que tras una breve interrupción en los años 1980, la caída de la tasa de ganancia en la manufactura estadounidense continúa y se agrava hasta el 2007, debido a la sucesiva emergencia de los tigres asiáticos encabezados por Corea y luego China y otras potencias.
Lo notable de la explicación de Brenner es que rescata el fenómeno del desarrollo capitalista desigual en un mundo al que le queda emergencia para rato, puesto que todavía la mitad de la población mundial siguen siendo campesinos tradicionales en acelerado proceso de migración a las ciudades.

Brenner descubre que no hay caída general de la tasa de ganancia en los EE.UU., sino que sólo en la manufactura, la que es compensada por las ganancias del sector servicios y especialmente por las infladas ganancias del sector financiero. De este modo, como se ha argumentado en estas notas, para explicarse las causas de crisis hay que observar lo ocurrido con la General Motors.
Ello puede explicar la aparente contradicción con lo afirmado por Orlando Caputo, quién argumenta en su nota que la crisis actual se debe no a la caída en la tasa de ganancia sino por el contrario a su extraordinario aumento general, lo que puede resultar compatible con lo observado por Brenner.

Cabe mencionar asimismo que la tasa de ganancia reportada por las empresas en su conjunto, incluyendo las financieras, siempre alcanza su máximo justo antes de despeñarse la crisis. Ello en parte es una ilusión contable por el retraso de los balances, pero por otra parte corresponde a la locura de especulación generalizada que siempre se desata en esos momentos y que como ya anotaba Marx, intenta justamente sobreponerse a la caída de la tasa de ganancia industrial.

Orlando afirma que la contradicción principal que se agita detrás la actual crisis es la que han exacerbado los capitales transnacionales que han multiplican sus ganancias a costa de los trabajadores a los cuales han sobre explotado con particular saña en años recientes y la renta de los recursos naturales de los cuales se han apropiado.
La contradicción entre el capital industrial y el capital financiero no es apreciada como relevante por Orlando, quién incluso afirma que el primero ha tenido tantas ganancias que se ha transformado en acreedor neto del segundo.
Las cifras que reiteradamente han venido publicando los principales medios financieros no avalan esta visión de Orlando. Muy por el contrario, muestran a las claras el inmenso y distorsionado crecimiento del sector financiero mundial. Asimismo, como el auge de los banqueros ha ido de la mano con el del Neoliberalismo, cuyo resucitamiento y ascenso al cielo han venido apadrinando globalmente desde los tiempos Reagan y Thatcher. Del mismo modo, como ambos cayeron simultaneamente en bancarrota.

De las afirmaciones de Orlando a veces pareciera inferirse la insinuación que quiénes hacen notar dicha contradicción estarían esquivando el conflicto social y político de clase contra clase, en beneficio de un camino de reformas que impulsadas por amplios frentes que aíslen a la fracción financiera del capital y sus voceros con toga académica y tecnocrática, así como sus representantes políticos
Por cierto tiene razón en lo segundo, en cuanto a que este autor juntos a muchos ha insistido una y otra vez precisamente en la necesidad de establecer en el poder nuevo bloque con la amplitud, fuerza y decisión requeridas para emprender el profundo giro que se hace necesario, apartándose del modelo Neoliberal hoy en bancarrota.
Parece del todo evidente la conveniencia de aprovechar al máximo el debilitamiento del sector financiero durante la crisis actual. Aunque más no fuera para terminar con las el abuso de las AFP como hizo a Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Argentina.
Mucho más allá de ello, sin embargo, para impulsar el restablecimiento pleno del rol del Estado en la economía, reconstruir los servicios públicos y el servicio civil mismo, desmantelados por el Neoliberalismo, reponer la plena soberanía y una adecuada regulación sobre los recursos naturales, así como los mercados en general, impulsar con fuerza el mercado interno y consecuentemente una fuerte redistribución del ingreso, la reindustrialización del país y la construcción con nuestros vecinos de instituciones Estatales supranacionales que regulen y protejan la libre circulación de dinero, mercancías y personas sobre un espacio latinoamericano integrado de dimensiones adecuadas al siglo 21.
Todo ello parece muy razonable. Ciertamente no parecería atinado que alguien perdiera de vista las condiciones que la crisis abre al respecto por las razones señaladas. Este autor coincide también en esta materia con Orlando Caputo, puesto que el programa expuesto es precisamente el que propone al país en estas materias nuestro común candidato presidencial, Jorge Arrate.
Del mismo modo, la insinuación que ello implicaría el olvido del conflicto social más de fondo sería ciertamente gratuita.


viernes 6 de noviembre de 2009

Halloween, Dos años después

El 31 de octubre 2007 fue un Halloween de miedo. Ese día, el burbujazo que infló los mercados financieros emergentes alcanzó su máximo y reventó. Se hizo evidente entonces que nadie iba a escapar de la debacle que se había iniciado cuatro meses antes en Wall Street.
Las bolsas de los países desarrollados habían venido cayendo desde el 25 de julio de ese año, cuando implosionaron fondos invertidos en derivados financieros del banco Bear Stearns, que no existe ya más.
Ese día empezó la "corrida bancaria" más gigantesca de la historia, como la ha calificado Paul Krugman, que afectó a la llamada "banca sombra," que no estaba regulada ni protegida por el Estado y sin embargo había crecido hasta manejar activos equivalentes a los bancos comerciales.


Como los países desarrollados tienen una masa determinante en las bolsas mundiales, arrastraron al conjunto a la baja desde el día, como se aprecia en el primer gráfico, tomado de www.mscibarra.com. Muestra la evolución de las bolsas de los países desarrollados (verde) y el conjunto de todas las bolsas del mundo (naranja), entre marzo 2000 y fines de octubre 2009.
Se aprecia que ambas líneas prácticamente coinciden.
En el gráfico se aprecia asimismo claramente que cuando se expresan en una moneda estable, en este caso el Euro, las bolsas mundiales en realidad nunca recuperaron sus máximos alcanzados a principios de la década, cuando se inició la crisis de larga duración que aún se encuentra en pleno curso.

También se observa en el gráfico, que a pesar del reciente rebote que les ha permitido recuperar aproximadamente un tercio de lo perdido desde Halloween 2007, los mercados mundiales en su conjunto se encuentran aproximadamente en mitad de su valor a inicios de la década.

El burbujazo especulativo que afectó las bolsas y monedas de los países emergentes a partir del 2003 se aprecia de modo dramático en el segundo gráfico, tomado asimismo de www.mscibarra.com.
En dicho gráfico se muestra nuevamente la evolución de los países desarrollados (gris), junto a los emergentes en su conjunto (naranja), los BRIC (verde) y Chile (azul). Todos expresados en Euros.
Se aprecia claramente la nueva burbuja especulativa que se ha levantado en las monedas y mercados emergentes a partir de octubre del 2008. El contraste del rebote de estos mercados con el de los países desarrollados no puede ser más marcado.

Llama asimismo la atención que la chilena es una de las bolsas/monedas más infladas en los meses recientes.
Esto se aprecia mejor en el tercer gráfico, que muestra la evolución de los mismos mercados anteriores en el los últimos doce meses hasta el 30 de octubre del 2009.
Se observa claramente que la bolsa/peso chilena ha rebotado más que ninguna, un 60 por ciento por encima de los países desarrollados, el doble que los emergentes en su conjunto y más todavía que los BRIC.

Es bien impresionante comprobar en el último gráfico de www.mscibarra.com, que en los dos años transcurridos desde Halloween 2007 al día de brujas del 2009, la caída de los mercados en los países desarrollados (verde), los emergentes en su conjunto (azul) y BRIC - Brasil, Rusia, India y China -, coinciden exactamente en una caída de 35 por ciento.
Chile, en cambio, está apenas un 10 or ciento por debajo de su valor en el fatídico 31 de octubre del 2007.





jueves 5 de noviembre de 2009

La crisis financiera explicada por Krugman

Permítanme hablar un momento como académico - dijo Krugman durante su charla en Chile -, un banco es cualquier institución que pide prestado a corto plazo para prestar a largo plazo.
Ello funciona bien mientras no se producen retiros masivos de depósitos, es decir, corridas bancarias. Después de la Gran Depresión, el Estado estableció mecanismos para evitarlas, garantizando los depósitos y facilitando liquidez... a los bancos.
El problema es que hacia 2007 más de la mitad de los bancos... no eran bancos. Eran los llamados "bancos sombras." Por lo tanto no estaban regulados ni protegidos. La "corrida bancaria" que los afectó ha sido de lejos la más inmensa de la historia.

Burbujas de activos han existido siempre y seguirán existiendo con cierta regularidad - dijo Krugman - y las que había en 2007 eran bien evidentes en diversos sectores y varios países. Era fácil prever que iban a reventar en algún momento.
Hay que decir que el mismo Krugman fue el primero en pronosticarla, cuando en Febrero del 2007, ante una brusca caída de más de siete por ciento en un día de la bolsa de Shanghai, una de las más emburbujadas en ese momento, escribió en el New York Times: "tal vez, en el futuro, los historiadores de la Gran Crisis del 2007 fijarán éste incidente como su primer anuncio."

Lo que nadie previó - dijo Krugman - fue la magnitud del cataclismo financiero. Nadie cayó en cuenta de las dimensiones que había alcanzado la "banca sombra." Ni siquiera los propios gerentes de los bancos que la habían creado al margen de sus balances. Nadie entendía lo que hacía, salvo un puñado de iniciados.

De este modo sencillo, el premio Nóbel invitado por Harvard Business Review y el Banco de Chile explicó la crisis financiera reciente.

¡Así cualquiera entiende, pero se necesita genio para explicarlo!


miércoles 4 de noviembre de 2009

Krugman: Ésta es la Gran Crisis

El mensaje del premio Nóbel Paul Krugman en su visita a Chile fue clarísimo: ésta es la Gran Crisis y durará para rato.
La única comparable es la de 1929 - dijo - y al menos en el primer año, ésta ha sido peor que la otra. La producción industrial global cayó más o menos lo mismo el 2009 que en 1930, alrededor de un 12 por ciento.
El comercio exterior, en cambio, se contrajo un 20 por ciento en la primera mitad del 2009 y hasta el momento acumula una caída de 17 por ciento. En 1930 se contrajo menos de un 10 por ciento (las cifras en esta nota son aproximadas porque están basadas en la memoria del autor de las mismas y serán precisadas en cuanto se puedan chequear con la grabación de la charla de Krugman).

Menos mal que Krugman no vio las comparaciones para el caso chileno.
Según el índice de SOFOFA, la producción industrial llegó a caer un 15 por ciento en el primer semestre del 2009 y el promedio móvil de 12 meses muestra una caída de 10 por ciento a septiembre del 2009. En 1930, la producción industrial cayó un 5,2 por ciento según las cifras compiladas por Lüders en la UC.
El caso más dramático son las exportaciones. En el primer semestre del 2009 cayeron un 40 por ciento. No solo fue el cobre, sino que fue general. Fue de lejos el peor derrumbe de la historia, puesto que en 1930 cayeron un 36,1 por ciento. Sin embargo, mientras en 1929 representaban un 29 por ciento del PIB, en 2007 llegaron a representar un 46,6 por ciento del mismo.

La buena noticia - dijo Krugman - es que gracias a la decidida acción de los Estados se ha logrado hasta el momento evitar una segunda Gran Depresión.
En el caso chileno, la producción industrial volvió a caer un 19 por ciento en 1931 y las exportaciones continuaron cayendo hasta completar un total de 82 por ciento entre 1929 y 1932.
Sin embargo, ello no significa que la Gran Crisis haya terminado, ni mucho menos. Por el contrario, la misma se extenderá a lo largo de un extendido período de turbulencias y bajo crecimiento, que durará varios años. En el mejor de los casos - concluyó el ilustre invitado de Harvard Business Review y el Banco de Chile.

jueves 29 de octubre de 2009

Krugman: Podríamos exportar a otro planeta


Los países generalmente salen de las crisis depreciando sus monedas, con lo cual cual subsidian sus exportaciones y reactivan la producción. El mundo en su conjunto evidentemente no puede hacer lo mismo. Tendría que exportar a otro planeta.
Con este mazazo de realismo, Paul Krugman despachó las ilusiones de su auditorio chileno en cuanto a que la crisis se va a resolver de una plumada por la vía de una rápida recuperación del comercio exterior. Esta vez no va a resultar tan fácil, lamentablemente. Nos falta el segundo planeta de Krugman.El comercio internacional global cayó un 20 por ciento en el primer año de la crisis y todavía se encuentra un 17 por ciento por debajo de sus máximos anteriores, dijo Krugman.
En el caso chileno la cosa es mucho peor, puesto que el primer semestre del 2009 las exportaciones se derrumbaron un 40 por ciento respecto del mismo período del 2008.
Eso resulta especialmente letal para Chile, puesto que como ha reconocido el propio gobierno durante la reciente discusión del presupuesto, las exportaciones habían alcanzado el nivel sin precedentes de 46,6 por ciento del PIB.
Para encontrar una situación parecida es necesario remontarse a 1929, cuando cayeron un 82 por ciento pero representaban "sólo" un 29 por ciento del PIB. En todo caso la caída mencionada fue el acumulado entre 1929 y 1932. Vamos a ver como termina el 2009, pero hasta el momento va peor que 1930, cuando cayeron un 36,1 por ciento.
En las otras tres ocasiones en que las exportaciones se contrajeron más del treinta por ciento, el PIB cayó más de un 5 por ciento, 18 por ciento y 16 por ciento, respectivamente.
Adicionalmente, tuvieron que pasar más de cinco, siete y nueve años, respectivamente, antes que recuperasen su nivel previo a la crisis. Después de 1929 transcurrieron treinta y cinco años antes de recuperar el valor de las exportaciones, el que solo se recuperó en 1964 (ver gráfico y cuadro al final).
Por estos motivos, la crisis es más complicada de lo que se quiere creer. Es muy probable que Chile se vea forzado una vez más a cambiar su modelo exportador por uno centrado en el mercado interno, mientras construye con sus vecinos un espacio más grande de libre circulación de mercancías, dinero y personas, regulado por instituciones estatales de soberanía compartida. Eso permitiría aspirar a lo que Jacques Chonchol ha denominado "desarrollo hacia adentro de América latina."


Caídas totales de Exportaciones y Producto Interno Bruto (PIB) en las Principales Recesiones del Siglo

Recesiones

Exportaciones

(variación)

PIB

( variación)

Exportaciones / PIB

antes de la crisis

( por ciento)

Años transcurridos

antes de recuperar el

valor de exportaciones

pre crisis

Gran Depresión 1929-1932

-82. 2 por ciento

-44. 1 por ciento

28. 5 por ciento

35

1931

-27. 5 por ciento

-21. 2 por ciento

1930

-36. 1 por ciento

-16. 0 por ciento

1932

-61. 5 por ciento

-15. 5 por ciento

Recesión mundial 1955-1958

-32. 9 por ciento

-5. 3 por ciento

15. 2 por ciento

9

1956

-1. 4 por ciento

1. 7 por ciento

1957

-22. 6 por ciento

10. 2 por ciento

1958

-12. 0 por ciento

5. 5 por ciento

1959

29. 1 por ciento

-5. 3 por ciento

Recesión mundial 1969-1975

-35. 2 por ciento

-18. 0 por ciento

16. 7 por ciento

5

1970

-8. 5 por ciento

2. 1 por ciento

1971

-13. 1 por ciento

9. 0 por ciento

1972

-18. 6 por ciento

-1. 2 por ciento

1973

36. 2 por ciento

-5. 6 por ciento

1974

38. 3 por ciento

1. 0 por ciento

1975

-32. 3 por ciento

-12. 9 por ciento

Recesión mundial 1980-1984

-32. 9 por ciento

-16. 0 por ciento

20. 3 por ciento

7

1981

-25. 3 por ciento

6. 2 por ciento

1982

-5. 5 por ciento

-13. 6 por ciento

1983

2. 1 por ciento

-2. 8 por ciento

1984

-6. 9 por ciento

5. 9 por ciento

Crisis Asiática (1997-1998)

-10. 1 por ciento

-0. 8 por ciento

22. 7 por ciento

3

1998

-10. 1 por ciento

3. 2 por ciento

1999

2. 9 por ciento

-0. 8 por ciento

Gran Recesión (2007-????)

-43. 5 por ciento

-4. 4 por ciento

46. 6 por ciento

?

2008

-5. 8 por ciento

3. 2 por ciento

2009

-40. 0 por ciento

-4. 4 por ciento

Fuente: CENDA en base a FACEA-UC DT-187, Banco Central de Chile.

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