La crisis ha develado muchas cosas. Ha mostrado el funcionamiento de la economía capitalista mundial al desnudo.
Lo primero que quedó en pelotas, como se dice en Chile y no resulta una mala expresión, fue el mundo financiero. La fracción más arrogante, codiciosa, despiadada y distorsionada de la burguesía mundial, se había apoderado de casi la mitad de las ganancia totales de todas las empresas (ver "Banqueros"). Ellos estuvieron detrás del auge y caída del Neoliberalismo y la globalización (ver nota).
La crisis estalló por ahí, como muchas veces ocurre. Dejó la pelería. Hoy está muy debilitada, pero continúa haciendo de las suyas.
Su lobby sigue siendo poderoso y hasta el momento ha logrado impedir que los gobiernos nacionalicen la banca y aseguradoras, que se mantienen en la insolvencia desde julio del 2007. Al revés, los han rescatado y los más poderosos y políticamente conectados como el JP Morgan y Goldman Sachs se han aprovechado de esta situación.
Ellos provocaron la crisis - no la causaron pero si la precipitaron, extendieron y agravaron - y constituyen el principal obstáculo para salir de ella, como han venido denunciado reiteradamente medios como el Financial Times (ver "Banqueros") y grandes economistas como Krugman y Stiglitz a nivel internacional y Ricardo Ffrench-Davis en Chile, entre otros.
Su propuesta es simple: nacionalizarlos de una buena vez, porque de hecho constituyen un servicio público, garantizado, financiado y sostenido por el Estado (ver "Bancos: Servicio público").
Uno de los resultados más nefastos de su accionar lo provoca el movimiento incesante de inmensas masas de capital especulativo alrededor del mundo, totalmente desatado por la llamada globalización - que no consistió en mucho más que eso.
Su acción en relación al conjunto del capital mundial resulta muy dañina. Aparece hipertrofiada de modo aberrante por la reiteración de operaciones especulativas unas encima de otras. Contabilizado de ese modo, mueve del orden de 500 billones de dólares, más de diez veces el PIB mundial.
Sin embargo, casi todas esas operaciones se cancelan unas con otras y su peso real es muchísimo menor. Los llamados fondos de cobertura llegaron a manejar el 2007 un máximo de dos billones de dólares y hoy se han reducido a menos de la mitad (ver "Hedge funds") y los fondos mutuos alcanzaron a 12 billones ese mismo año y hoy han caído al menos en un quinto (ver "Descarada"), por ejemplo.
De hecho su capacidad de distorsionar los mercados principales de los países desarrollados es neutralizada en buena medida porque su masa total es relativamente pequeña en relación al capital total (ver "El ciclo secular del oso, diez años después").
Otro cuento es lo que ocurre en los mercados emergentes por donde se pasean a voluntad gracias a la mentada globalización. Como elefantes en una cristalería. Allí su peso es capaz de distorsionar completamente todos los mercados, que todavía son muy pequeños comparados con los países desarrollados.
Hoy día se reconoce que el capital especulativo fue capaz, por ejemplo, de inflar casi cuatro veces los mercados accionarios y las monedas de los países emergentes y seis veces a los llamados BRIC - Brasil, Rusia, India y China - entre el 2002 y el 2007 (ver "El burbujazo, seis años después").
Sin embargo, en ningún mercado su efecto ha resultado tan devastador como en los de materias primas y muy especialmente el petróleo.
John Authers del Financial Times analiza este aspecto en sus comentarios del 7 y 9 de julio del 2009, donde presenta los gráficos adjuntos.

El primero de ellos muestra la evolución del precio del petróleo expresado en dólares, entre 1990 y julio del 2009.
Se aprecia el gigantesco inflamiento del precio durante el 2008, cuando se multiplicó por seis con relación a sus niveles anteriores al inicio de todas las burbujas, el 2002.
Como contraste, se muestra como la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein en 1991 aumentó el precio apenas en un 50 por ciento.
Soros lo bautizó como la "superburbuja" (ver "Superbubuja emergente") durante las audiencias que la comisión investigadora del parlamento estadounidense celebró al respecto en octubre del 2008.
El segundo gráfico muestra como el inflamiento del petróleo (azul) superó con creces al conjunto de los mercados accionarios de los países desarrollados, que en este gráfico se expresan en dólares (rojo).Es decir, el capital especulativo logró hacer con el precio del petróleo exactamente lo mismo que con las monedas y bolsas de los BRIC (ver "El burbujazo, seis años después").
Sólo que el peak de las bolsas y monedas emergentes se alcanzó el día de Halloween, el 31 de octubre del 2007 y el petróleo llegó a 145 dólares por barril unos ocho meses después, a mediados del 2008.
Sólo que el peak de las bolsas y monedas emergentes se alcanzó el día de Halloween, el 31 de octubre del 2007 y el petróleo llegó a 145 dólares por barril unos ocho meses después, a mediados del 2008.
El derrumbe posterior fue feroz. Cayó en picada o en flecha como dicen los rusos. Del mismo modo, se observa en el gráfico como el rebote de los meses recientes, que apenas se nota en los mercados accionarios de los países desarrollados, se amplifica extraordinariamente en el precio del petróleo.

El alza del 2008 fue especulación pura. No tuvo nada que ver con la demanda real, la que caía al mismo tiempo en flecha, como se muestra en el gráfico adjunto.
Éste superpone al precio del petróleo (azul) el gráfico del consumo del combustible en los EE.UU. (rojo), desde el 2000 hasta julio del 2009.
Como se puede observar, el consumo empieza a caer a principios del 2007, antes incluso del desplome del sector financiero que se inicia a mediados de julio de ese año.
Es decir, los especuladores lograron inflar el precio del petróleo hasta lo indecible ¡mientras el consumo sufría su mayor caída desde los años 1930!
En estos momentos los reguladores de materias primas en los EE.UU. están considerando poner coto a estos excesos de los especuladores. Ojalá lo hagan y pronto.
Como se sabe, lo que ocurre con el petróleo se repite con el conjunto de las materias primas, incluido el cobre en primerísimo lugar. También con los precios de los alimentos, lo cual resulta francamente criminal porque llevan hambre a millones de personas, como ocurrió con las alzas del 2008.
Asimismo, desde octubre del 2008 están inflando nuevamente las bolsas y monedas emergentes y el país más afectado es precisamente Chile (ver "La euforia del Willy, ocho meses después").
¿Cuando habrá que esperar para que las autoridades chilenas pongan coto a las fechorías de los especuladores internacionales, al menos en Chile?
¿Cuanto demorarán en restablecer los inteligentes controles a la cuenta de capitales - el mundialmente reconocido "encaje" - que en su momento implementaron Roberto Zahler y Ricardo Ffrench-Davis desde el Banco Central?
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