Uno de los personajes más pintorescos del centro de Santiago era el vendedor de pompas de jabón que se instalaba en la Plaza de Armas. Hacía las delicias de los niños en los días de fiesta.
El hombre mantenía siempre su rostro serio, pero lo delataban sus ojos tiernos. Tenía una panza monumental cubierta con un delantal, donde apoyaba un pequeño cajón de madera que le colgaba del cuello. Cargaba unas pequeñas botellitas, originalmente envases de penicilina inyectable con una tapita de goma, llenas de agua con jabón y goma de pegar. Las vendía junto a unos alambritos con un ojetillo en un extremo, introduciendo el cual en el líquido de la botellita y soplando suavemente la película que se formaba al sacarlo, se disparaban por el aire una chorrera de pequeñas y hermosas pompas de jabón.
Acarreaba también en su cajón un frasco grande de boca ancha, lleno del mismo líquido pero con una cantidad reforzada de goma de pegar, en el cual introducía una herramienta similar pero con un ojetillo grande.
Al soplar en este ingenio, disparaba al aire un manantial de burbujas enormes que brillaban bellísimas refractando todos los colores del arco iris a la luz del sol del mediodía en la hermosa plaza de armas de la capital de Chile.
En ese tiempo, la plaza estaba llena de árboles añosos, grandes y muy hermosos, a la sombra de los cuales la gente circulaba disfrutando del fresco. La plaza estaba llena de sillones de madera y hierro muy bonitos y cómodos, siempre ocupados por jubilados que dormitaban plácidamente.
Hasta que llegó un pelotudo asesor de un alcalde colorín y mandó a cortar la mayor parte de los árboles. Reemplazó los sillones por otros pocos, feos e incómodos. Según él, intentó transformar esta bella plaza arbolada en un espacio público al estilo de la plaza mayor de Madrid, ciudad donde había estudiado el bolsiflay.
Al colorín le importó poco, puesto que su plan era ganar dinero con un gigantesco estacionamiento de automóviles debajo de la plaza, para lo cual las raíces de los árboles representaban un problema. Felizmente nadie lo echó de menos tanto como para reelegirlo.
Si se echan de menos los viejos árboles de la plaza y este autor no sabe que habrá sido del vendedor de pompas de jabón. Tal vez todavía se le encuentra a veces por allí. Ojalá.
Lo que interesa destacar en esta nota es el valor total de las empresas transadas en la bolsa chilena: 187.637 millones de dólares.
Si se supone que el cálculo del diario está hecho al precio del dólar de julio del 2007 (551,7 pesos por dólar el 13 de julio), el valor de la bolsa alcanzaría a 103.519.332 millones de pesos. Es decir, 103,5 billones de pesos.
Según el Banco Central, el producto interno bruto, PIB, de Chile alcanzó el 2008 a 88.535.187 millones de pesos. Es decir, 88,5 billones de pesos.
En otras palabras, la bolsa chilena excede el valor del PIB en 16,9 por ciento.
Eso es francamente distorsionado. A más no poder.
El mismo diario informa que la bolsa estadounidense suma en julio del 2009 un valor total de 11 billones de dólares, en circunstancias que el PIB de ese país es del orden de 14 billones de dólares. Es decir, la bolsa estadounidense alcanza hoy a menos del 80 por ciento del PIB de ese país.
Según información del Financial Times (ver nota "Hyperburbujazo financiero"), en su punto más enloquecido alcanzado en los primeros días del año 2000, el valor de las bolsas mundiales igualó el PIB mundial y a febrero del 2009 había caído a menos del 40 por ciento del mismo.
Este antecedente confirma lo que se ha venido denunciando en estas notas, acerca del gran burbujazo especulativo que afecta actualmente a la bolsa y el peso chileno (ver "La euforia del Willy").
Lo único triste de las pompas de jabón es que duran muy poco. Revientan inevitablemente.
1 comentarios:
Estimado Manuel
Me gustaría que regalaras a tus lectores, una columna sobre el estado actual de los proletarios y burgueses a la luz del manifiesto comunista. De manera de saber como vez la lucha de clases en la actualidad.
A mi entender las fuerzas de izquierda y en particular los comunistas debemos volver a "proletarizarnos", en el sentido de entender a cabalidad la clases sociales bajo el actual modelo neoliberal en Chile.
Desde Valparaíso.
Raúl Donoso
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